jueves, 12 de enero de 2012

ASÍ TE NECESITO, SEÑOR



HIMNO DE LAUDES



Así: te necesito
de carne y hueso.
Te atisba el alma en el ciclón de estrellas,
tumulto y sinfonía de los cielos;
y, a zaga del arcano de la vida,
perfora el caos y sojuzga el tiempo,
y da contigo, Padre de las causas,
Motor primero.






      Mas el frío conturba en los abismos,
      y en los días de Dios amaga el vértigo.
      ¡Y un fuego vivo necesita el alma
      y un asidero!










Hombre quisiste hacerme,
 no desnuda
inmaterialidad de pensamiento.
Soy una encarnación diminutiva;
el arte, el resplandor que toma cuerpo:
la palabra es la carne de la idea:
¡encarnación es todo el universo!
¡Y el que puso esta ley en nuestra nada
hizo carne su verbo!
Así: tangible, humano,
fraterno.





Ungir tus pies, que buscan mi camino,
sentir tus manos en mis ojos ciegos,
hundirme, como Juan, en tu regazo,
y —Judas sin traición— darte mi beso.





Carne soy, y de carne te quiero.





¡Caridad que viniste a mi indigencia,
qué bien sabes hablar en mi dialecto!
Así, sufriente, corporal, amigo,
¡cómo te entiendo!
¡Dulce locura de misericordia:
los dos de carne y hueso!




Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Amén.

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